Hace como siete u ocho años, conocí a una señora mayor, ochenta y pico años, entrañable. Era, espero que sea todavía, de un pueblo muy cercano al que yo vivo ahora. Estaba hospitalizada en la misma habitación que un familiar mío, la iban a operar y supongo que estaba muy nerviosa, no paraba de hablar y de sonreir, pero su voz era muy débil y tenías que acercarte a la cabecera de su cama para entender lo que decía. En una de las ocasiones en que se dirigía a mí, dí la vuelta a la cama en que yo estaba de guardia, y me arrimé a la suya para oírla mejor, “no para de hablar” me dijo su nuera disculpándose, yo sonreí y acerqué el oído lo más que pude, la señora también se disculpó y me dijo: “yo de jovencita no hablaba nada, era muy calladita, pero, ¡ mira! ahora a la vejez, no puedo dejar de hablar” y se rió con una carcajada honda, hacia dentro.
Últimamente, me acuerdo mucho de ella, porque no paro de hablar, “¡ya no me callo nada!”, me he dicho a mí misma. En mi círculo más cercano, al principio, estaban un poco sorprendidos, sobre todo por la velocidad de palabra, normalmente hablo muy pausadamente; además de hablar, no paro de leer y de escribir, dentro de mis posibilidades, … y la cabeza no me para … Supongo que tendrá algo que ver, la subida de la tensión arterial, las pulsaciones del corazón o lo que sea, que averiguaré el próximo viernes en la visita con el médico.
En éste sentido, hay varios antecedentes familiares, de desajustes, por así decirlo, que empezaron de forma similar, unos con un repentino interés por el tarot y las cartas astrales, otros, por una afición oculta por las estrellas y las constelaciones, que me parecen aficiones interesantísimas, y una pena que después de ajustadas las piezas, no continuaran para sacarnos de la rutina diaria. Por eso, procuro hablar poco de lo preciosa que está la luna, o de cómo tintinea aquella estrella en el firmamento, para que no haya lugar a errores.
También procuro callarme, mi percepción de las casualidades, supongo que si las buscas, las encuentras, hoy mismo, me ha ocurrido una: he engatusado a mi ahijado, como he podido, para ver juntos el programa ‘Saber y ganar’ y de esa forma no visionar sus dibujos favoritos ’Dragon Ball’, ya que no lee un libro “ni a tiros”, por lo menos, intento, que participe desde casa en el concurso, y vaya ¡qué casualidad!, precisamente uno de los temas era el festival de Eurovisión y mostraban en un vídeo retrospectivo, las canciones ganadoras de los años 60 y 70 de Massiel y Salomé, cuando ayer mismo nos estábamos riendo de las canciones de los participantes más recientes: “el chiqui, chiqui”, “algo pequeñito”, etc., y pensábamos continuar la “juerga” buscando vídeos de “La, la, la” para que viera lo “chorras” que eran también las canciones de hace cuarenta años.
Más casualidades recientes: una de mis tías, sufrió una bajada de tensión repentina, como vive sola, salió al portal a buscar ayuda, una vecina la auxilió, sacó una silla para que se sentara, buscó ayuda para levantarla y llamó a emergencias; pasada una semana, ya recuperada, me pidió que acudiera a casa de la vecina para darle las gracias, así lo hice, le compramos una plantita en signo de gratitud. Ese mismo día o al siguiente, fui a hacerle la compra al supermercado, cuando salía al parking, iba leyendo el ticket de compra y por el rabillo del ojo, ví un movimiento extraño, levanté la vista y ¡plaf! una anciana que iba sola, con su carrito y su bastón, estaba echada de bruces en el suelo con una brecha en la cabeza, dos jóvenes acudieron rápidas a auxiliarla, “¿os puedo ayudar?”, les dije yo, entre las dos la levantaban y ya traían una silla del supermercado, “sí, llama a urgencias”, así lo hice, tras varios minutos, eternos…, llegó la ambulancia y atendieron a la señora. “¿Qué casualidad?”, reflexioné más tarde, parece como que de ésta forma haya devuelto completamente el favor.
En la memoria colectiva, está ya grabado el 11-S y el ataque a las Torres Gemelas en Nueva York, también está muy reciente, el 11-M y el atentado a los trenes en Madrid, todo mi apoyo a las víctimas y sus familiares. No quiero frivolizar con éstos hechos, en absoluto es mi intención. Tampoco puedo argumentar ninguna teoría conspirativo-galáctica o conspirativo-terráquea que os convenza o por lo menos os entretenga. Sólo deciros, que me parece ya mucha casualidad que el dictador Mubarack dimitiera precisamente el 11-02-2011; suponiendo que las revueltas en el mundo árabe sean tan espontáneas como nos dicen, que allí donde no sé qué ínfimo porcentaje de habitantes disponen de acceso a internet, ha triunfado una rebelión del pueblo convocada “milagrosamente” a través de las redes sociales, donde aquí, con nuestro porcentaje de conexión a internet, no triunfa ni el boicot a las eléctricas, puede ser una casualidad astral, o puede ser algún o algunos “h…” y “c…” de las élites mundiales, aunque se empeñen en decirnos que eso son marcianadas, que estén jugando con nosotros y se partan de risa, y así, como si tienes “pasta” por las orejas, te compras un deportivo “ganso” y pagas para que tu matrícula sea capicúa, si eres el “rey del mundo” te permites decidir cuándo dimite un dictadorcillo de “m…” que te está tocando las “p…” y ya te estorba, así que, dimite el día que tú le dices, y de paso te sale capicúa, porque sí, porque estás tan podrido de dinero que con algo te tienes que divertir.
